domingo, 18 de diciembre de 2011

Atada a Ti.


Paso mucho tiempo desde que te conocí, desde que mis ojos se encontraron con los tuyos, aquella tarde en la que me miraste por primera vez. Yo estaba bajo tu hechizo. Tu sonrisa me enredo en una red de atrapa-mariposas. Ambos nos miramos, y en ese momento, entendimos que entre nosotros había algo. Algo fuerte e irrompible, que iba a superar todos los obstáculos que se nos metan en el camino.
Pero como todo obstáculo, empeoro nuestra visión de un futuro juntos. Un futuro feliz, de los dos. De ser uno, siendo dos.
La elección de un camino hacia la felicidad, entre nosotros se vio opacado por el camino de la soledad. Que nos envolvió a los dos, separados el uno del otro, solamente para complicar el amor que nos tenemos. Yo entiendo que hay razones fuertes para que te alejes de mí. Pero ya deje de contar las veces que te repetí que no puedo alejarme de ti, que no es una mentira lo que siento.
‘Ya nadie se la juega por amor’ me gritaste. ‘Ya nadie dice un –Te amo- en serio, o regala rosas porque si. El amor ya no existe, solo existe la idea de un algo.’
Tu preocupación por la falta de amor en el mundo, abrumo a mi corazón. No entendía, bajo que fundamentos querías finalizar algo, que recién había empezado. No lograba concebir la idea de estar separados. Cuando luchamos contra viento y marea para estar juntos.
‘Pero nosotros no somos como todo el mundo.’ Te dije, y los ojos se te llenaron de lágrimas. Ahí me di cuenta que de verdad me amabas, pero tu miedo era mayor que nuestro amor. Tenías miedo a jugártela. ‘Yo me entiendo de lo que tengo en mi vida, y se que es algo verdadero.’ Continué diciendo. Pero ya nada te calmaba.
Pero aun así, aunque trate de convencerte, dices que la realidad que nos envuelve es la única que existe.
‘Nadie me amara nunca mejor que tu, solo vos sabes como hacerme sentir’ dije, con lagrimas en mi rostro,  ‘Es por eso que quiero estar con vos siempre’. Mi frase culmino con lo poco que me quedaba de voz, la ultima palabra fue arrastrada por un sonido ahogado que salio de mi garganta. Palabra que vos no quisiste escuchar.
Aun sabiendo que no prestabas atención a ninguna de mis palabras, me las arregle para seguir diciendo todo lo que pensaba. Entendí que el temor que sentías a que nuestro amor de desmorone con el tiempo, era porque en tu vida tuviste amores que no funcionaron.
‘Yo entiendo que ambos tuvimos altibajos antes de conocernos, pero no por esas razones tenemos que renunciar a lo maravilloso que es el amor, antes de tiempo. Ahora no hay nadie que pueda arruinar lo que tenemos.’ Tome tu cara entre mis manos, tratando de mantener la calma, y no demostrarte que todo mi cuerpo estaba temblando del terror. Tenia miedo de que te apartaras de mi. Secaste mis lágrimas con tus labios, tan suavemente que casi ni los sentí. ‘Yo se que me amas’ dije. Y cerré mis ojos para hundirme en tu pecho.
‘No existe otra persona que me haga vibrar como tu lo haces’ entre lagrimas te susurre eso al oído, me abrazaste. Y por primera vez después de mucho tiempo. Ambos sentimos una brisa corriendo a nuestro alrededor. Lo que antes era tensión, ahora es amor.

Y ahora, no hay nadie más que pueda necesitar.
Y ahora, estoy cantando porque tu estas tatuado en mi corazón.
Te tengo, nosotros vamos a hacer este amor sin condiciones.
Estoy contigo y tú estas conmigo, por siempre.
Entonces no te preocupes por las personas que llenan la boca de mentiras sobre nosotros. Ellos no nos harán caer. Te conozco y tú me conoces y eso es todo lo que cuenta.

Estoy atada a ti, por siempre.
Te amo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Un final... ¿Feliz?


-¿Que pasa si lo nuestro no tiene final feliz?- te pregunte. 
-Lo tendrá- me prometiste y yo sonreí. 
Después te pregunte -¿Que pasa si no existe el final feliz?-
-Con nosotros existe- y en ese momento, te levantaste y te fuiste, me dejaste sola.
Pensé en correr detrás de ti, mientras te alejabas. Pero me convencí a mi misma de que ibas a volver. 
Pasaron los días y sigo aquí, esperando que vuelvas.
Convencida estoy que no va a suceder, pero aun no cumples tu promesa.
Te espero porque ese día en tus ojos vi, un destello de luz que me lleno el alma.
Me enamore de una luz, de tu luz. 
Recuerdo el miedo que sentí cuando te fuiste,
es como el miedo que siento hoy esperando a que vuelvas. No volverás. 
¿Donde se fue esa promesa que me hiciste?.
Se fue contigo, el día que huiste de mi lado, como desesperado. 
Lo nuestro fue como una estrella fugaz, en un cielo de medianoche.
Como el destello de tus ojos, cuando mirabas los míos.
Yo te quise con el corazón entero, tu te fuiste con el viento y me dejaste ahí, sola y sin vos. 
No puedo evitar preguntarme, ¿Porque te fuiste y me dejaste?.
Si me habías prometido un final feliz, me habías prometido un final.
No tengo mas nada para decir, ahora entiendo que no fue un final feliz, tampoco fue un final más.
Lo nuestro no tuvo final, porque fue algo que nunca empezó.
(Abril 2011)

jueves, 27 de octubre de 2011

El Futuro de Nuestro Octubre.


Y estamos los dos otra vez, sentados en el pasto, esperando que se nos ocurra algo para decir, mientras por nuestro cabello, corre una brisa de un verano que esta por venir y de un octubre que se nos va.
Me planteaste la idea de no seguir mas, no querías que mi vida se interponga en tu futuro, un futuro del que vos no tendrías noción de no ser por mi vida. Estas completamente seguro de querer arruinar lo nuestro, para quedarte en la nada. Solo. Y dejarme a mi, sentada en el pasto, pensando en el octubre que pasamos.
Estaba todo ahí. Estaba todo escrito en nuestro destino, nos teníamos que encontrar y amar. Para ahora, alejarnos y plantearnos un futuro sin nosotros, sin los dos. Lleno de nada.
‘Amo que me llenes la vida de tus nadas’ te dije. ‘Pero esta es una “nada” que no amo, que no quiero en mi vida, porque es una nada sin vos. Y yo quiero mi vida con vos.’me calle, y sentí como pequeñas lagrimas caían por mis mejillas, casi pidiendo permiso, como si no quisieran recorrer mi cara. No quería mostrar debilidad, no quería que veas que estaba triste por vos. Me contestaste al oído, con tu voz tranquilizadora, esa que usabas cuando querías ganar las peleas, porque ya estabas cansado de pelear. ‘Las nadas que te di, seguirán en tu vida, porque por algo te las di, son tuyas, yo no las quiero. Pero necesito entregarte esta ultima nada’
Tu necesidad de nadas, y mi necesidad de vos, era lo que nos separaba en este momento. Vos querías un futuro del que no tenías idea, yo quería un futuro perfecto, en el que te encuentres vos.
Y así, mientras pasa octubre por nuestros cabellos, desordenándolos. Nos damos cuenta que ese futuro siempre estuvo ahí con nosotros. Ese futuro latente que vos no querías ver y que yo estaba demasiado ocupada para que me importe.
El futuro de los dos, sin el otro. Separados, solos. Un futuro de noviembre. Se acercaba, despedazando todo a su paso, haciendo estragos entre nosotros. ¿Fue la lluvia una señal, de que estábamos perdiendo nuestro tiempo? Nuestro octubre.
La lluvia que nos arruino los días, nos estaba diciendo que lo nuestro llegaba a su fin. Que me esperaba un tiempo de dolor y llanto desconsolado. Sin vos a mi lado, mi vida no tenía mucho sentido. Pero por ahora te tenia ahí, conmigo, sentados en el pasto, cortando las pequeñas flores amarillas que crecen en el. Soplando los dientes de león que nos encontramos y mirando bailar a las luciérnagas, con sus luces intermitentes como acostumbrábamos.
En ese momento, un grito ahogado tuyo se hizo paso entre mis pensamientos.
‘Al diablo con octubre’ Gritaste. Te hiciste paso entre las luciérnagas que escapaban asustadas de tus gritos, tus movimientos y tu andar.
Te alejaste de mí, como octubre se estaba alejando de nosotros. Lo único que espero, es no tener que pasar un “Noviembre sin Ti”. 

lunes, 24 de octubre de 2011

En Tu Nada.


Necesitaba a alguien que me desorganice un poco, que me saque de mi eje, me eleve y me lleve al más allá. Que con su sonrisa me haga sentir que vale la pena dar segundas oportunidades. Que sus ojos me lleven a soñar con mares celestes llenos de pequeños pececitos.
Necesitaba a alguien que con su abrazo me haga despegar los pies de la tierra. Que me encuentre y me desencuentre. Que me haga romper en llanto, hasta terminar en una risa plena.
Necesitaba amor.
Será que es como la canción de los Beatles. “All you need is love”. Se podría decir que no todo lo que necesito es amor, pero necesitaba un poco de eso. Necesitaba tener una razón para despertar todas las mañanas, y ver que mi cama no estaba vacía. Sonreír mirando al techo, y no quejarme por la luz que entra sin pedir permiso por la ventana. Necesitaba que me desorganicen la cabeza, que me desarmen un poco, que me vuelvan a armar. Que me abracen inesperadamente y por la espalda. Que sonrían por el simple hecho de verme respirar.
Necesitaba respirar el aire de alguien, no solo el mío. Compartir mi aire con alguien más, mi espacio, mi mundo. Necesitaba que me llenen de flores una mañana, para morir de alergia esa tarde. Que me dejen cartas de amor en la mesita de luz, que me llenen de besos antes de despertar. Que me miren dormida.
Necesitaba alguien que me quiera.

Pero, me olvide de lo esencial. Al necesitar tantas cosas, me olvide de que no era necesario pedir tanto y pretender mucho de una misma persona. Sino, que lo que había que hacer era, no pedir nada y mucho menos, pretender que esa persona me de lo que necesite.
Había que dejarlo ser. “Let it be”.
Por que nada es lo que uno quiere cuando aparece. Llega, y sentís que es todo, pero después de das cuenta que las cosas no son como las esperas. Y para no desilusionarse, hay que aprender a no esperar nada.
Por eso yo no espero nada de vos.
No espero nada porque se que nada es lo que me podes dar, y me gusta que me llenes de nadas.
Porque tus besos están llenos de ese algo, que tiene un ‘no se que’ que me encanta. Y no podría esperar nada mejor.
Ese nada que me gusta de tus ojos cuando me miras, es el mismo nada en donde me gustaría ahogarme cada vez que me besas. No me importaría ser adicta a tu nada.
Porque fue tu actitud de desinteresado, de desenamorado, lo que me llevo a enamorarme hasta la locura. Fuiste vos, con tus ojos. Que me transportaban a un prado verde lleno de flores de colores. En donde me tiraba a relajarme.
Fuiste vos el que me hizo conocer cosas que no conocía, y lleno de alegría mis mañanas. Me desorganizaste, tanto la casa, como la vida. Me desarmaste de pies a cabeza, y luego, sin cuidado pero con paciencia me volviste a armar.
Me amaste y odiaste, todo en un mismo momento. Y fueron tus abrazos los que me llevaron a volar por los cielos, pero fueron tus gritos los que me mantuvieron en la tierra.
Me enseñaste que para hacer lo que uno quiere, no hay que esperar que otro te de permiso. Hay que lanzarse y hacerlo, porque nada es lo que parece, y nada será para siempre.
Por eso, elijo, hoy y siempre. Que vos seas mi nada. Porque no sos lo que pareces. Pero sos un nada que quiero que dure por siempre y para siempre. 

sábado, 15 de octubre de 2011

Amor Desenamorado.


¿A donde va el amor cuando se lo regalas al viento? A donde va nuestro amor que pide permiso para salir de la habitación, dejando caer pequeñas gotitas de desamor por el piso.
¿Porque estamos peleando ahora? Si nos prometimos un amor eterno. ¿Será que no existe tal amor? Que es solo una fantasía más. Un cuento, un mito de Disney.
¿Existe un “Happy Ever After”?
Porque dejamos morir nuestro amor, de a poco. Lo vemos desangrarse, lentamente, esta sufriendo. Esta enfermo.
¡NO!
Vos estas enfermo, vos no sabes lo que queres y cuando lo queres. Vos queres libertad, estando conmigo. Queres jurarme lealtad, pero no te queres atar a un “Juntos para siempre”
No sabes cumplir tus promesas, deberías no hacerlas. Deberías quedarte callado.
Te recuerdo que un día, hace unos años, me miraste mientras estábamos en la cama, y el sol entraba por la ventana, aquella que tenia la persiana rota y que vos te negabas rotundamente a arreglar. Miraste como el sol rozaba mi pelo y me decías ‘Te amo, por siempre y para siempre.’ ¿Donde quedo ese amor? 
Porque estamos desenamorando este amor.
¿A quien le devuelvo las flechas de cupido? ¿A quien le presento mi renuncia a este amor?
Si vos no queres luchar más por lo nuestro, por que tengo que quererlo yo.

Y después de que te grite, y te largue un sinfín de palabras sin sentido. Te marchaste de la casa, sin dar ninguna explicación. Pero yo sabia muy bien a donde te dirigías.
Era de noche, las luces de la calle ya estaban encendidas. No te seguí, pero fui hasta el prado, nuestro prado. Y ahí estabas vos, acostado en el pasto mojado por culpa del rocío, mirando las luciérnagas bailar en el aire. Enamoradas las unas de las otras. Vos con cara de asombro, y yo con un enojo al rojo vivo.
Me miraste y te sentaste.
Sonreíste y por primera vez, me olvide de todo el odio que estaba sintiendo. Tu sonrisa era capaz de hacerme sentir así, viva.
 En ese momento, te paraste y estiraste tus brazos hacia mí, para que yo tomara tus manos. Lo hice.
Y comenzamos a girar. Y girar. Entre las luciérnagas que bailaban encendidas a la luz de la luna. Con el pasto mojado rociado con pequeñas gotas de agua. El viento que despeinaba mi ya enmarañado cabello.
Y un amor desenamorado, tratando de volverse a enamorar. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Mi otra parte.


"El amor es arriesgado, pero siempre ha sido así. Hace millares de años que las personas se buscan y se encuentran." (Paulo Coelho)

Si bien sabíamos que esto no era amor, dimos el salto mayor en la pileta de los sueños. Dejamos de buscarnos para ver lo que podíamos ofrecernos, el uno al otro.
Dimos todo de nosotros y aun así el destino jugo sus cartas en contra del amor, a favor de la desilusión. Aun así despedazados, elegimos volver a encontrarnos, ahí donde siempre nos juntábamos. 
Enloquecidos, creímos que el mundo es mejor cuando se mira con los ojos cerrados. Y nos vendamos los ojos para no ver la crueldad de la distancia entre nosotros. 
Con los ojos cerrados mire tus ojos y vi el brillo en ellos al mirarme. Ese brillo me indico que era amor. Era amor. 
Y mientras andábamos por la oscuridad, decidimos separarnos un rato. Para ver si el destino volvía a juntarnos. 
-Seguimos lejos, pero llevo conmigo ese brillo en tus ojos. Que nunca se apaga.-
Nos dimos por perdidos, dejamos de buscarnos. Jamás nos encontramos. Pero eso es lo que paso, el destino nunca nos junto. 

Volvimos a nuestras vidas, con los ojos abiertos llenos de ilusión. Volvimos a ver tanta hipocresía, en un mundo ardiendo de dolor. 
Y cuando menos lo esperas, cuando dejas de buscar, aparece lo que necesitas. Y ahí lo ves, el punto brilloso sobre el hombro izquierdo de tu otra parte. Como lo describió Coelho. Ahí esta, su mirada irradiando luz.
Es así, que hasta el día de hoy, yo te sigo extrañando. Mientras pienso como los dos, al amor nos entregamos cubriendo nuestros ojos, logre ver tu brillo interior. Ahora entiendo lo que es amor. 
Una fuerza magnética, una atracción. 
¿Porque jugar con el amor como si fuera fuego? Tratándolo con cuidado, no se llega a ningún lado. 
Si hay que jugar con fuego, sin miedo me quemare. Vi el brillo en tus ojos, ya no tengo miedo a nada. 
Solo quiero amarte. 

(Junio'11)

El Principe Azul.


Todavía sigo esperando ese beso que me despierte el alma. Ese beso que me haga vibrar desde los pies hasta la cabeza. Que despierte todos mis sentidos y los haga uno.
Sigo esperando ese beso, que le de vida a mi vida, que estabilice lo que siento y que me haga sentir que estoy bien.
Ese beso de príncipe azul. Ese príncipe azul. Y aunque vos no seas un príncipe azul, sos mi príncipe. Quizás no azul, quizás no sos de ningún color, pero sos mío. Perfecto a mi medida. Y aunque puede que me pase la vida buscando ese beso, tengo los tuyos.
Dicen que el primer beso, con esa persona esperada, es ese beso que tenes escondido, ese que solo se lo podes dar al indicado. Y no hay dudas, de que cuando eso sucede, vos te das cuenta que ha pasado. Y te preparas para no dejar ir nunca mas a esa persona y para estar con ella por el resto de tu vida.
Sin embargo, ese beso sigue guardado, en mi caso y en el caso de muchas. Y vamos por la vida, asesinando besos con personas equivocadas, por miedo de encontrar a la indicada, y perdernos para siempre.
Es, como quien dice, le tenemos miedo al amor. A encontrar a ese ser que nos haga sentir únicas.
Yo te encontré a vos, que me haces sentir única a tu manera. Me haces reír, no serás perfecto, pero eres único y perfecto para mí.
Nuestro primer beso fue único y me atrevería a decir que mágico. No se como, fue hace muchos años atrás. Los dos entendimos que éramos el uno para el otro. Si bien sabíamos que no estábamos destinados a un para siempre. Nunca cuestionamos eso que sentimos.
No nos prometimos un para siempre, ni nos prometimos nunca hacernos llorar. Compartimos un amor agridulce. Siempre fue así. Una de azúcar, una de sal.
Nunca nos cuestionamos, aprendimos a querernos por como somos, no por lo que debemos ser.

Y aunque a veces me da miedo compartir mi vida con vos, no podría alejarme ni un instante de tu lado.
Porque te necesito a vos para que mi vida sea un completo desastre. Para tener esa adrenalina de cada día. Las peleas, los desencuentros, el amor, los besos.
Con vos, voy de la risa al llanto en un segundo.
Aprendí a quererte, y a odiarte.
A odiar tú forma de hablarme a la mañana cuando recién me levanto. A odiar tu falta de orden y aseo propio.
Odio cuando dejas el dentífrico destapado y aplastado. Odio que te quejes cuando tardo demasiado en la ducha.
Odio tus manías, tú forma de hablar, la forma en la que me miras y haces que todo sea más sencillo.
Odio que nuestra convivencia se haya convertido en un calvario. Odio que me sea mas fácil compartir una cena con tus padres y tu hermanita, que una cena ‘romántica’ de pizza y cerveza con vos.

Pero me pasa que, odiarte a vos es lo más agotador que existe. Es por eso que no lo quiero hacer más.
Vos sos mi príncipe, quizás no sos azul o quizás no sos de ningún color. Pero sos mío y sos perfecto.  Porque todos los días, tus besos me despiertan. No solo el alma, sino que también el cuerpo entero. 

jueves, 6 de octubre de 2011

Ata una cinta alrededor del viejo roble... ♥

Estoy volviendo a casa, he cumplido mi condena,
Ahora tengo que saber que es y que no es mas mio..
Si recibiste mi carta, diciéndote que pronto seria libre,
Si todavía me quieres...

Si todavía me quieres...
Ata una cinta amarilla alrededor de un viejo roble...
Han sido tres largos años,
Todavía me quieres?...
Si no veo una cinta alrededor del viejo roble...
Me quedare en el autobús y me olvidare de nosotros,
Y me echare la culpa...
Si no veo una cinta amarilla al rededor del viejo roble... 

Chofer por favor mire por mi,
Porque no podre soportar lo que pueda llegar a ver...
Todavía estoy en prisión,
Y mi amor, el sostiene la llave...
Una simple cinta amarilla es lo que necesito para ser libre...
Le escribí y le dije que por favor..
Ata una cinta amarilla alrededor de un viejo roble..
Han sido tres largos años,
Todavía me quieres?..
Si no veo una cinta alrededor del viejo roble..
Me quedare en el autobús y me olvidare de nosotros,
Y me echare la culpa..
Si no veo una cinta amarilla al rededor del viejo roble..

Y ahora todo el maldito micro esta festejando,
Y no puedo creer lo que veo..
Cien cintas amarillas alrededor del viejo...
Del viejo roble...

Ata una cinta alrededor del viejo roble... ♥


(Dolly Parton - Tie a Yellow Ribbon)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Volveras arrepentido.



El sol estaba radiante, entrando por mi ventana, cuando vi una sobra que en ella se dibujaba. Yo se que te has ido, que has decidido no volver. Que te llevaste todo lo que había en el placard, y te marchaste sin darme ninguna explicación.
Pero estabas ahí, en sombras, en mi ventana, con el sol que hacia brillar cada mechón dorado de tu cabello.
Y de a poco te ibas dibujando, lentamente. Ya no eras simplemente una sombra, eras un cuerpo, eras real.
No se si fue mi imaginación, o mi deseo de querer que aparezcas te materializo. Pero eras vos, eras real.
Habías regresado con tu mochila Nike, y las medias que habías levantado del piso. Regresaste con un cepillo de dientes en tu mano derecha, y una sonrisa en tu cara. Como si pidieras perdón, como si pidieras permiso.
Te vi, y la luz que irradiaba tu sonrisa, me noqueo. No se que paso, y no se si me desmaye. Pero cuando volví a abrir los ojos, ahí estabas vos, con tu cabeza agachada, mirando hacia el piso. Arrepentido.
Volvías con la cola entre las piernas, así como vuelve un perro después de haberse portado mal.
Vos te portaste mal, y no hay castigo que yo crea necesario. No puedo atarte al árbol del jardín y dejarte ahí todo el día, aullando.

“Perdón”. Fue lo único que salio de tu boca. Me pedís que te perdone, después de que te fuiste, sin decirme nada, sin darme un porque.
Decidiste terminar todo lo que construimos año a año, por un capricho. Por un deseo de libertad. De probar cosas nuevas, lejos de mí.
“No se como te da la cara de volver. No se como no llamaste antes, para decirme donde estabas, para decirme que se había terminado. Y ahora volves y pedís perdón”. Te dije casi gritando, y entendiste mi enojo.
“Se que no es suficiente…” No te deje terminar de hablar, te calle. Porque no te quería escuchar mas. Nunca es suficiente.
Y sin embargo, ahí estabas vos, con tu cabeza agachada, y tu cola entre las patas. Verdaderamente arrepentido.
Decidí perdonarte, abrí mis brazos, para que vengas vos, y me abraces. Ese abrazo, valió más que mil perdones. Mis lágrimas cayeron sobre tu hombro. Y vos sonriendo obligándote a no llorar.
“Te extrañe mucho” y me limite a callarte con un beso.

Los días siguientes fueron demasiado fáciles de llevar. Vos estabas en ‘etapa de prueba’ yo me sentía un guardia de una cárcel, que esta esperando que te mandes una cagada para encerrarte en la celda, sin cenar.
Estaba esperando eso, para dejarte sin comer.
Tu cepillo de dientes le hacia compañía al mío, la pasta de dientes seguía en su lugar, dejaste de usar mi shampoo caro y para pelo lacio, y te compraste un shampoo de coco para pelo grasoso.
Deje de abrazar mi almohada, para abrazar tu cuerpo. Y el lado frío de mi cama, nuevamente sentía calor, la cama se deshacía por completo.
Volvimos a ser dos. 

domingo, 2 de octubre de 2011

Me Faltas Vos.


Hay días en los que no estoy bien conmigo misma, y no tengo ganas de mirarme ni al espejo. Hay días en los que mis ojos están hinchados, y no tengo ganas de maquillarme.
Y hay otros días, como hoy, en los que te extraño.
Esos días, cuando me levanto y me siento sola. Abrazo el lado frío de la cama. El lado sin peso, el lado que no se desarma. Me lavo los dientes, y veo un solo cepillo y la pasta de dientes en su lugar. Faltas vos para desorganizarme la vida.
Faltas vos para usar en exceso mi shampoo para pelo lacio, faltas vos para usar mi jabón exfoliante. Faltas vos en el lado vacío de mi cama.
A veces, me acuesto y abrazo mi almohada, solo para sentir que tengo un peso, que tengo algo entre los brazos. Pero mi almohada no habla, no se mueve, no me da calor. No se queja de las cosas que digo, ni de las cosas que no digo. Pero es la única que no se molesta cuando le hablo de mis historias, o cuando le lloro un mar de lagrimas, o cuando la abrazo, demasiado fuerte, o demasiado poco.
Es como que, sin vos vivo mis días en OFF, como si estuviera bajo anestesia. Prendí el piloto automático, y estoy demasiado cómoda como para apagarlo. Estoy pero no estoy, hago pero no hago. Soy pero no soy.
Me faltas vos para darle un poco de movimiento a mi vida.

La verdad, que no me acuerdo cuando paso esto. No tengo en mi memoria el momento justo en el que decidiste irte. Ese momento en el que sacaste tu cepillo de dientes del vaso, y te llevaste tu desodorante de mi dormitorio. El día en que levantaste tus medias sucias del piso, y las guardaste en tu mochila Nike.
Tal vez la distancia empezó a surgir hace años, y no nos dimos cuenta. O fue algo que siempre estuvo, y no quisimos reconocer.
Quizás, con vos debí mantener la mente abierta, y el corazón cerrado. No tendría que haberte invitado a pasar, y hacerte sentir como en tu casa, o mejor dicho, “como en tu corazón”
Esto no estaba en los planes de ninguno de los dos. Estuvimos viviendo entre el amor y el odio, entre el no me hables y el no me dejes. Lo nuestro estaba destinado a terminar, sin importar las ganas que le pongamos en poner dos puntitos más al punto final…

Pero ya no importa que trate de buscarle una explicación. Ya no estas y eso es lo que importa. Importa el lado frío de mi cama, el cepillo de dientes que falta.
Me había acostumbrado a comprar un shampoo barato y berreta, para ponerlo en la ducha antes de que vos entres, así no usabas mi shampoo caro y para pelo lacio.
Con vos me acostumbre a vivir. A caminar en culotte y remera. A poner la mesa y cocinar para dos. A acostarme en la cama a ver una película, abrazada a tu cintura. Me había acostumbrado a pedir dos cuartos de helado al delivery. Ahora pido uno y me dicen que no pueden enviarmelo por que el mínimo es de $30. Y me niego a comprar dos.
Y nada, eso. Me faltas vos.
Volve. 

viernes, 30 de septiembre de 2011

El tiempo que lo cura todo.


Tiempo, me pediste un tiempo para poder entenderte, entenderme, entendernos.
No se si te dije que si, lo único que se es que te mire conteniendo las lagrimas en los ojos y me fui corriendo para mi casa.
No se como te lo tomaste, pero después de eso, pasaron 3 meses y no me llamaste. ¿Dónde estas?
Tengo el cuarto desordenado. Dicen que ese desorden es una expresión inconciente de tu cabeza. Bueno, mi cabeza no esta ordenada. Le faltas vos.
Me detuve en el umbral de mi puerta, y mire hacia adentro, con ojos desconocidos. No quería reconocer que eso, ese desorden, era mío. Lo mire con vergüenza, como quien mira a un extraño. Desconociéndolo. Me propuse superar tu tiempo, y ordenar. No pude.

Me sentí un poco vulnerable, un poco arruinada. Vos siempre me dijiste que mi corazón no estaba bien, yo nunca te escuche.
“Necesitas un par de curitas”. Me dijiste la ultima vez, después de eso lo único que escuche fueron palabras sueltas. Porque tenías razón, y yo no quería asumirlo.
Decidí huir a nuestro prado, a donde cortábamos pastos y deshojábamos margaritas. Sentados sin decirnos nada, silencio, solo miradas.
Me acuesto en el suelo, entre luciérnagas y barro. Mis brazos extendidos miran al cielo estrellado que le daba un tono azulado a las lágrimas que caían por mis mejillas.
Te abrazo. Me abrazo. Estés donde estés.
¿Por qué no volves?

Yo mientras tanto sigo acá, con tu tiempo. El tiempo que yo no te di, que vos decidiste tomarte. El tiempo que vos malinterpretaste. El que pediste y nunca te concedí.
Fue ahí, que me quede dormida.
Me despertaron gritos, y rayos de sol azotando mi cara. Yo estaba abrazada a mis piernas, recostada entre el pasto mojado, por culpa del rocío, evaporándose lentamente por el calor del sol.
Abrí mis ojos. Ahí estabas vos. Contemplando mis sueños.
Me levante bruscamente, y refregué mis ojos, endurecidos con lagrimas secas. Vos me miraste y sonreíste. Eras real.
“¿Por qué?” te pregunte, sin reaccionar.
“No tengo explicación, quería alejarme de vos para ver si sentía lo mismo al lado tuyo, o estando a millones de kilómetros. Me tome un tiempo prestado, un tiempo que no tenemos, que ya no podemos recuperar, me tome ese tiempo para ver si se te curaba el corazón, así no lo pegábamos con curitas.”
Tu respuesta fue más de lo que yo esperaba. Pero era lo que necesitaba oír.
Me acuerdo cuando me decías que debía ser fiel a mis instintos. Que vos ibas a estar ahí conmigo. Que lo demás, que lo demás no importaba, que se iba a desvanecer con el tiempo.

En ese momento, todo lo demás se desvaneció, estábamos solos. Vos y yo. Un tiempo prestado. Ese tiempo que vos te tomaste para sanar mi corazón sin usar curitas. Para arreglarlo.
Ese tiempo, que dicen que lo cura todo. 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Nuestras ganas de Septiembre.


Llovía, pero ahí estábamos los dos. Rodeados por un septiembre que se estaba desvaneciendo entre nuestros dedos. Todo corría tan rápido. No logramos detener el tiempo para quedarnos en septiembre. Nuestro septiembre.
Los días pasaban como brisa entre las hojas. La primavera estaba muriendo, y entre nosotros no había flores que nacieran en nuestro prado. Se nos quemo septiembre.
Un incendio devastador, acabo con nuestras ganas, nos quemamos las ideas y las pestañas. Tratando de ponerle un continuara a nuestra historia. Una historia que sabíamos que tenía final. Pero no habíamos empezado ni el principio.

“¿Es mi imaginación?”. Te pregunte con mis uñas entre los dientes. Elevando una pequeña mueca de sonrisa, tímida y vacilante. Mientras mis ojos buscaban los tuyos, vos estabas perdido en la danza del pasto y las gotas de una lluvia primaveral.
Volteaste a mirarme, desconcertado. Tus cejas fruncidas, funcionaban de techo para tus ojos, que entrecerrados buscaron los míos, esperando encontrar una respuesta en ellos.
“¿Qué imaginas?”. Me dijiste, sin sonreír. Ni siquiera mostraste cariño en tus palabras. Fuiste duro y molesto.
Un nudo en la garganta me corto la voz, no pude contestarte. Me limite a sonreír. A sonreír y mirar el paisaje que me brindaban tus cabellos empapados de lluvia. El verde de los árboles, que luchaban contra el viento. Y el olor a tierra mojada que había en mis manos.
Sentada, abrazada a mis piernas. Buscando refugio en ellas porque a vos te encontré lejano, ensimismado en tus pensamientos. Quise llorar. Y aproveche que llovía.
No se si llore, o si la lluvia que caía en mis mejillas, mojándolas por completo, hicieron un efecto de llanto. Pero puedo jurar que te grite. Te grite y vos no me escuchaste.

Fue en ese momento, en el que comenzaste a reír. Sin que yo dijera nada, sin que nada suceda.
Un sin fin de carcajadas saliendo de tu boca. Tus labios abiertos, levemente curvados hacia arriba. Estaban delatando una felicidad incontenible. Yo no te comprendí en ese momento. Pero me miraste, y sonreías con tus ojos.
No se si viste tristeza en los míos, o que. Pero en ese momento, te paraste y saltaste hacia el charco de barro que había a 30 centímetros de mi. Como resultado, termine embarrada. Y vos seguías riéndote. Pero esta vez, te reías de mí.
“Salta y festeja” me gritaste entre risas. Yo no tenia nada para festejar.
“¿Que queres que festeje? ¿Si nada ha bueno ha ocurrido?”. Te conteste, con una voz seria y enojada. La lluvia lavaba el barro de mi cara, mientras mi ceño fruncido te mostraba que no estaba de humor para payasadas.
En ese momento, te arrodillaste ante mí, limpiando lo que quedaba de barro en mis mejillas. Comprendí que tampoco estabas feliz, tu mirada era triste. Pero así eras vos, tu optimismo y poco realismo, te llevaba a cometer actos de niño. Vos nunca maduraste.
Tomaste mis manos, entrelazando tus dedos. Palma con palma. Fue ahí, cuando una conexión cósmica entre nosotros, me hizo vibrar. Apoye mi oído en tu pecho, para escuchar los latidos de tu corazón.
El sonido mas bello de todos, ese retumbar agitado y enamorado. Porque así estábamos, enamorados.
Me alzaste, y comenzaste a girar y girar. No me acuerdo cuando fue que caímos al piso, el golpe no me dolió.

Tu cuerpo sobre el mió, en perfecta sintonía. Me besaste, y no pude contener mis ganas de ti. Un grupo de mariposas revoloteando en todo mi cuerpo, desde mis pies hasta el último cabello.
Mientras tu boca besaba mi cuello, un sol tímido se asomo, dejo de llover.

Y al final, el sol salio. Nosotros volvimos a ser los mismos de antes. Volvimos a ser dos, con el sol secándonos, mientras septiembre se escurría como arena entre nuestros dedos entrelazados.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Vos, yo...


Y ahí estábamos los dos. Vos, yo, la luna. No me atrevía a mirarte directamente a los ojos, porque sabía que ibas a poder leer cada uno de los pensamientos que se me cruzaban por la cabeza en ese preciso momento. En ese momento en el que el brillo de la luna iluminaba la curva que se formaba en tu cuello, ese espacio entre tu mentón y tu nuez de Adán. Oh Adán!
Si Dios no hubiera creado al hombre, hubiese jurado que fuiste ensamblado por manos divinas, que moldearon cada parte de tu cuerpo para hacerlo perfecto a mi medida.
Maldito sea el día en el que te diste cuenta que el amor no era mas que un juego.
Maldito seas vos!
Maldita sea la hora en la que coincidí contigo, ese instante en el que mire tus ojos color miel y me dije a mi misma que serias la persona con la que quería pasar el resto de mis días sin cansarme, sin que pasen las horas.
Vos ibas a ser la persona que detenga mi tiempo. Ibas a ser capaz de parar el reloj para poder disfrutar una eternidad juntos. Y no iba a haber ‘muerte que nos separe’.
Íbamos a ser ‘Uno los dos’.

No recuerdo cuando fue el momento justo en el que decidiste convertirte en lo que sos ahora. Mejor dicho, si lo recuerdo, pero es algo que quiero olvidar. Quiero quedarme con tu imagen abrumada de problemas y amores. Dolores y pasiones. Quiero mantener esa idea de libertad que tenias en tus ojos. Ese deseo incontenible de lanzarte al mundo sin más que un sueño. Un impulso que te obligaba a vivir la vida a cada instante, a cada respiro, a cada vuelo, caída y raspón. Todos los pedazos de ilusión que caían como cristales rotos. La sangre que corría por tus venas, que contenía una esencia. Un perfume que se respiraba en el aire cada vez que te imponías a el.
Ese deseo de vivir sin importar las barreras de lo que te rodeaba.
Todo lo que extraño de vos, es lo que alguna vez fui, pero que solo logre ser a tu lado.
¿Porque no sos lo que eras cuando estabas conmigo? ¿Porque cambiaste, porque te convertiste en tu peor enemigo?
Tengo mil preguntas, y ante cada interrogante tengo solo una respuesta. “YO TE AMABA TAL CUAL ERAS”. Pero no era suficiente. Vos querías más.
¡Maldito seas!

Pero nuevamente, la luna alumbraba tus cabellos, color caramelo intenso. Cada mechón hacia juego con tus ojos, que bailaban de lado a lado, mirando el brillo de las luciérnagas que resplandecían a tu lado.
Y ahí estábamos nosotros. Vos, yo, la luna y las luciérnagas. Que hacían un intermitente de pasiones. Hacían el amor con el viento, con las hojas que las golpeaban, con el rocío que las bañaba. Y nada les importaba. Como a vos, como a mí.
Como al tiempo que pasamos juntos.
Como a cada caricia que nos regalábamos al amanecer. Como a cada suspiro, a cada roce de piel.
Tu respiración entrecortada, me hizo volver a mirarte, estabas agitado por culpa de las vueltas del reloj. Quisiste seguir tu propio ritmo y te mareo. Ya no había tiempo para los dos, pero vos querías bailar.
No quedaba lugar en aquel prado. Y nos estábamos quedando sin tiempo.

Di media vuelta, y comencé a caminar en contra del viento. Luchando para poder continuar, paso a paso, centímetro a centímetro. Vos me gritaste.
“No te vallas”.
Pero yo ya estaba lejos, no te hice caso. Aunque en ese momento, mire hacia atrás, y ahí estabas vos, con los brazos abiertos, esperando que yo corra desesperadamente hacia vos y me acomode en ese hueco entre tus hombros y tu cuello. Esperando que conteste tu abrazo, que te golpee bruscamente con mi cuerpo para poder sellar nuestro encuentro.
No lo hice, no quise hacerlo. En su lugar, lo único que logre hacer fue mirarte y con los ojos cerrados, tire un beso al aire. Beso que vos recibiste con tus manos y lo depositaste en tu corazón. Señal de que habías recobrado los sentidos, ya no estabas dormido. Te grite que te amaba. Pero el viento empezó a chillar y no se escucho. Seguí corriendo, en tu dirección. Fui a tu encuentro, entre la danza de las luciérnagas y el golpe del rocío.
Te bese. Y descubrí como nuestros 5 sentidos se agudizaron, se convirtieron en uno. Éramos uno. Vos, yo, la luna, las luciérnagas y el rocío.