miércoles, 28 de septiembre de 2011

Vos, yo...


Y ahí estábamos los dos. Vos, yo, la luna. No me atrevía a mirarte directamente a los ojos, porque sabía que ibas a poder leer cada uno de los pensamientos que se me cruzaban por la cabeza en ese preciso momento. En ese momento en el que el brillo de la luna iluminaba la curva que se formaba en tu cuello, ese espacio entre tu mentón y tu nuez de Adán. Oh Adán!
Si Dios no hubiera creado al hombre, hubiese jurado que fuiste ensamblado por manos divinas, que moldearon cada parte de tu cuerpo para hacerlo perfecto a mi medida.
Maldito sea el día en el que te diste cuenta que el amor no era mas que un juego.
Maldito seas vos!
Maldita sea la hora en la que coincidí contigo, ese instante en el que mire tus ojos color miel y me dije a mi misma que serias la persona con la que quería pasar el resto de mis días sin cansarme, sin que pasen las horas.
Vos ibas a ser la persona que detenga mi tiempo. Ibas a ser capaz de parar el reloj para poder disfrutar una eternidad juntos. Y no iba a haber ‘muerte que nos separe’.
Íbamos a ser ‘Uno los dos’.

No recuerdo cuando fue el momento justo en el que decidiste convertirte en lo que sos ahora. Mejor dicho, si lo recuerdo, pero es algo que quiero olvidar. Quiero quedarme con tu imagen abrumada de problemas y amores. Dolores y pasiones. Quiero mantener esa idea de libertad que tenias en tus ojos. Ese deseo incontenible de lanzarte al mundo sin más que un sueño. Un impulso que te obligaba a vivir la vida a cada instante, a cada respiro, a cada vuelo, caída y raspón. Todos los pedazos de ilusión que caían como cristales rotos. La sangre que corría por tus venas, que contenía una esencia. Un perfume que se respiraba en el aire cada vez que te imponías a el.
Ese deseo de vivir sin importar las barreras de lo que te rodeaba.
Todo lo que extraño de vos, es lo que alguna vez fui, pero que solo logre ser a tu lado.
¿Porque no sos lo que eras cuando estabas conmigo? ¿Porque cambiaste, porque te convertiste en tu peor enemigo?
Tengo mil preguntas, y ante cada interrogante tengo solo una respuesta. “YO TE AMABA TAL CUAL ERAS”. Pero no era suficiente. Vos querías más.
¡Maldito seas!

Pero nuevamente, la luna alumbraba tus cabellos, color caramelo intenso. Cada mechón hacia juego con tus ojos, que bailaban de lado a lado, mirando el brillo de las luciérnagas que resplandecían a tu lado.
Y ahí estábamos nosotros. Vos, yo, la luna y las luciérnagas. Que hacían un intermitente de pasiones. Hacían el amor con el viento, con las hojas que las golpeaban, con el rocío que las bañaba. Y nada les importaba. Como a vos, como a mí.
Como al tiempo que pasamos juntos.
Como a cada caricia que nos regalábamos al amanecer. Como a cada suspiro, a cada roce de piel.
Tu respiración entrecortada, me hizo volver a mirarte, estabas agitado por culpa de las vueltas del reloj. Quisiste seguir tu propio ritmo y te mareo. Ya no había tiempo para los dos, pero vos querías bailar.
No quedaba lugar en aquel prado. Y nos estábamos quedando sin tiempo.

Di media vuelta, y comencé a caminar en contra del viento. Luchando para poder continuar, paso a paso, centímetro a centímetro. Vos me gritaste.
“No te vallas”.
Pero yo ya estaba lejos, no te hice caso. Aunque en ese momento, mire hacia atrás, y ahí estabas vos, con los brazos abiertos, esperando que yo corra desesperadamente hacia vos y me acomode en ese hueco entre tus hombros y tu cuello. Esperando que conteste tu abrazo, que te golpee bruscamente con mi cuerpo para poder sellar nuestro encuentro.
No lo hice, no quise hacerlo. En su lugar, lo único que logre hacer fue mirarte y con los ojos cerrados, tire un beso al aire. Beso que vos recibiste con tus manos y lo depositaste en tu corazón. Señal de que habías recobrado los sentidos, ya no estabas dormido. Te grite que te amaba. Pero el viento empezó a chillar y no se escucho. Seguí corriendo, en tu dirección. Fui a tu encuentro, entre la danza de las luciérnagas y el golpe del rocío.
Te bese. Y descubrí como nuestros 5 sentidos se agudizaron, se convirtieron en uno. Éramos uno. Vos, yo, la luna, las luciérnagas y el rocío.  

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