miércoles, 5 de octubre de 2011

Volveras arrepentido.



El sol estaba radiante, entrando por mi ventana, cuando vi una sobra que en ella se dibujaba. Yo se que te has ido, que has decidido no volver. Que te llevaste todo lo que había en el placard, y te marchaste sin darme ninguna explicación.
Pero estabas ahí, en sombras, en mi ventana, con el sol que hacia brillar cada mechón dorado de tu cabello.
Y de a poco te ibas dibujando, lentamente. Ya no eras simplemente una sombra, eras un cuerpo, eras real.
No se si fue mi imaginación, o mi deseo de querer que aparezcas te materializo. Pero eras vos, eras real.
Habías regresado con tu mochila Nike, y las medias que habías levantado del piso. Regresaste con un cepillo de dientes en tu mano derecha, y una sonrisa en tu cara. Como si pidieras perdón, como si pidieras permiso.
Te vi, y la luz que irradiaba tu sonrisa, me noqueo. No se que paso, y no se si me desmaye. Pero cuando volví a abrir los ojos, ahí estabas vos, con tu cabeza agachada, mirando hacia el piso. Arrepentido.
Volvías con la cola entre las piernas, así como vuelve un perro después de haberse portado mal.
Vos te portaste mal, y no hay castigo que yo crea necesario. No puedo atarte al árbol del jardín y dejarte ahí todo el día, aullando.

“Perdón”. Fue lo único que salio de tu boca. Me pedís que te perdone, después de que te fuiste, sin decirme nada, sin darme un porque.
Decidiste terminar todo lo que construimos año a año, por un capricho. Por un deseo de libertad. De probar cosas nuevas, lejos de mí.
“No se como te da la cara de volver. No se como no llamaste antes, para decirme donde estabas, para decirme que se había terminado. Y ahora volves y pedís perdón”. Te dije casi gritando, y entendiste mi enojo.
“Se que no es suficiente…” No te deje terminar de hablar, te calle. Porque no te quería escuchar mas. Nunca es suficiente.
Y sin embargo, ahí estabas vos, con tu cabeza agachada, y tu cola entre las patas. Verdaderamente arrepentido.
Decidí perdonarte, abrí mis brazos, para que vengas vos, y me abraces. Ese abrazo, valió más que mil perdones. Mis lágrimas cayeron sobre tu hombro. Y vos sonriendo obligándote a no llorar.
“Te extrañe mucho” y me limite a callarte con un beso.

Los días siguientes fueron demasiado fáciles de llevar. Vos estabas en ‘etapa de prueba’ yo me sentía un guardia de una cárcel, que esta esperando que te mandes una cagada para encerrarte en la celda, sin cenar.
Estaba esperando eso, para dejarte sin comer.
Tu cepillo de dientes le hacia compañía al mío, la pasta de dientes seguía en su lugar, dejaste de usar mi shampoo caro y para pelo lacio, y te compraste un shampoo de coco para pelo grasoso.
Deje de abrazar mi almohada, para abrazar tu cuerpo. Y el lado frío de mi cama, nuevamente sentía calor, la cama se deshacía por completo.
Volvimos a ser dos. 

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