¿A donde va el amor cuando se lo regalas al
viento? A donde va nuestro amor que pide permiso para salir de la habitación,
dejando caer pequeñas gotitas de desamor por el piso.
¿Porque estamos peleando ahora? Si nos
prometimos un amor eterno. ¿Será que no existe tal amor? Que es solo una
fantasía más. Un cuento, un mito de Disney.
¿Existe un
“Happy Ever After”?
Porque dejamos morir nuestro amor, de a
poco. Lo vemos desangrarse, lentamente, esta sufriendo. Esta enfermo.
¡NO!
Vos estas enfermo, vos no sabes lo que
queres y cuando lo queres. Vos queres libertad, estando conmigo. Queres jurarme
lealtad, pero no te queres atar a un “Juntos para siempre”
No sabes cumplir tus promesas, deberías no
hacerlas. Deberías quedarte callado.
Te recuerdo que un día, hace unos años, me
miraste mientras estábamos en la cama, y el sol entraba por la ventana, aquella
que tenia la persiana rota y que vos te negabas rotundamente a arreglar.
Miraste como el sol rozaba mi pelo y me decías ‘Te amo, por siempre y para
siempre.’ ¿Donde quedo ese amor?
Porque estamos desenamorando este amor.
¿A quien le devuelvo las flechas de cupido?
¿A quien le presento mi renuncia a este amor?
Si vos no queres luchar más por lo nuestro,
por que tengo que quererlo yo.
Y después de que te grite, y te largue un
sinfín de palabras sin sentido. Te marchaste de la casa, sin dar ninguna
explicación. Pero yo sabia muy bien a donde te dirigías.
Era de noche, las luces de la calle ya
estaban encendidas. No te seguí, pero fui hasta el prado, nuestro prado. Y ahí
estabas vos, acostado en el pasto mojado por culpa del rocío, mirando las
luciérnagas bailar en el aire. Enamoradas las unas de las otras. Vos con cara
de asombro, y yo con un enojo al rojo vivo.
Me miraste y te sentaste.
Sonreíste y por primera vez, me olvide de
todo el odio que estaba sintiendo. Tu sonrisa era capaz de hacerme sentir así,
viva.
En
ese momento, te paraste y estiraste tus brazos hacia mí, para que yo tomara tus
manos. Lo hice.
Y comenzamos a girar. Y girar. Entre las
luciérnagas que bailaban encendidas a la luz de la luna. Con el pasto mojado
rociado con pequeñas gotas de agua. El viento que despeinaba mi ya enmarañado
cabello.
Y un amor desenamorado, tratando de
volverse a enamorar.
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