Hay días en los que no estoy bien conmigo
misma, y no tengo ganas de mirarme ni al espejo. Hay días en los que mis ojos están
hinchados, y no tengo ganas de maquillarme.
Y hay otros días, como hoy, en los que te
extraño.
Esos días, cuando me levanto y me siento
sola. Abrazo el lado frío de la cama. El lado sin peso, el lado que no se
desarma. Me lavo los dientes, y veo un solo cepillo y la pasta de dientes en su
lugar. Faltas vos para desorganizarme la vida.
Faltas vos para usar en exceso mi shampoo
para pelo lacio, faltas vos para usar mi jabón exfoliante. Faltas vos en el
lado vacío de mi cama.
A veces, me acuesto y abrazo mi almohada,
solo para sentir que tengo un peso, que tengo algo entre los brazos. Pero mi
almohada no habla, no se mueve, no me da calor. No se queja de las cosas que
digo, ni de las cosas que no digo. Pero es la única que no se molesta cuando le
hablo de mis historias, o cuando le lloro un mar de lagrimas, o cuando la
abrazo, demasiado fuerte, o demasiado poco.
Es como que, sin vos vivo mis días en OFF,
como si estuviera bajo anestesia. Prendí el piloto automático, y estoy
demasiado cómoda como para apagarlo. Estoy pero no estoy, hago pero no hago.
Soy pero no soy.
Me faltas vos para darle un poco de
movimiento a mi vida.
La verdad, que no me acuerdo cuando paso
esto. No tengo en mi memoria el momento justo en el que decidiste irte. Ese
momento en el que sacaste tu cepillo de dientes del vaso, y te llevaste tu
desodorante de mi dormitorio. El día en que levantaste tus medias sucias del
piso, y las guardaste en tu mochila Nike.
Tal vez la distancia empezó a surgir hace
años, y no nos dimos cuenta. O fue algo que siempre estuvo, y no quisimos
reconocer.
Quizás, con vos debí mantener la mente
abierta, y el corazón cerrado. No tendría que haberte invitado a pasar, y
hacerte sentir como en tu casa, o mejor dicho, “como en tu corazón”
Esto no estaba en los planes de ninguno de
los dos. Estuvimos viviendo entre el amor y el odio, entre el no me hables y el
no me dejes. Lo nuestro estaba destinado a terminar, sin importar las ganas que
le pongamos en poner dos puntitos más al punto final…
Pero ya no importa que trate de buscarle
una explicación. Ya no estas y eso es lo que importa. Importa el lado frío de
mi cama, el cepillo de dientes que falta.
Me había acostumbrado a comprar un shampoo
barato y berreta, para ponerlo en la ducha antes de que vos entres, así no usabas
mi shampoo caro y para pelo lacio.
Con vos me acostumbre a vivir. A caminar en
culotte y remera. A poner la mesa y cocinar para dos. A acostarme en la cama a
ver una película, abrazada a tu cintura. Me había acostumbrado a pedir dos
cuartos de helado al delivery. Ahora pido uno y me dicen que no pueden
enviarmelo por que el mínimo es de $30. Y me niego a comprar dos.
Y nada, eso. Me faltas vos.
Volve.
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